El 9 de enero de 1963, Charlie Watts, el baterista británico de refinado estilo jazzístico, se incorporó a The Rolling Stones, sellando la formación que revolucionaría el rock por casi seis décadas.
Esta unión, impulsada por Mick Jagger y Keith Richards, formó el núcleo estable de la banda junto a Brian Jones e Ian Stewart, reemplazando a Tony Chapman y aportando la solidez rítmica que faltaba en sus primeras actuaciones en clubes londinenses como el Ealing Jazz Club. Watts, inicialmente reacio por su preferencia por el jazz y el blues, ganó tras meses de insistencia, debutando públicamente el 2 de febrero de ese año, en un momento clave para el auge del Rhythm and Blues en Inglaterra.
Jagger y Richards siempre destacaron a Watts como el verdadero líder moral y técnico de los Stones, el «pegamento» que mantuvo unida a la banda en crisis como la muerte de Jones en 1969 o las tensiones personales de los 80. Su estilo elegante, influenciado por Charlie Parker y Miles Davis, contrastaba con la rebeldía de sus compañeros, pero definió el groove inconfundible de hits como «(I Can’t Get No) Satisfaction» o «Sympathy for the Devil», permitiendo que la banda evolucione de covers de blues a íconos globales. Durante 58 años, hasta su retiro en 2021 y muerte en agosto de ese año a los 80, Watts grabó en todos los álbumes de estudio y diseñó escenarios, rechazando el estrellato para priorizar la música pura.
Esta efeméride recuerda no solo el inicio de una era rockera, sino el papel de Watts como pilar ético: evitó excesos, rechazó ser «rockstar» y hasta golpeó a Jagger en 1984 por una provocación, reafirmando límites en la fraternidad más longeva del género. Su legado perdura en giras póstumas de los Stones, donde su ausencia se siente como la pérdida del corazón del grupo. Para Notigital, esta fecha invita a reflexionar sobre la estabilidad detrás del caos rockero.