Tras el anuncio y el sorteo del Mundial 2026, con bombos y platillos, donde participaron el presidente de Estados Unidos, la presidenta de México y el primer ministro de Canadá, surge una pregunta ineludible: ¿cómo resolverá Gianni Infantino la garantía de seguridad en un torneo que no solo estará atravesado por el fútbol, sino por un pesado contenido político?

Donald Trump decidió bombardear Venezuela y capturar a Nicolás Maduro. Aunque la Vinotinto no clasificó al Mundial, varias selecciones sudamericanas que se pronunciaron en contra del ataque —defendiendo la soberanía nacional— sí lo hicieron. Recordemos que, en ese mismo sorteo, Infantino le entregó el premio FIFA de la Paz al propio Trump. Días después, estalló el conflicto que todos conocemos, y la región permanece en alerta: el magnate amenazó a México y Colombia con que «les puede pasar lo mismo si no se calman».

El Mundial 2026, con sedes en Norteamérica, México y Cánada ya no es solo una fiesta deportiva. La intervención militar de EE.UU. en Venezuela genera un clima de desconfianza que podría traducirse en protestas, boicots o tensiones diplomáticas durante el torneo. Selecciones como México, Colombia, —con su histórica sensibilidad por la no intervención— podrían boicotear actos protocolares o usar el escenario global para denunciar agresiones imperiales.

Infantino enfrenta un dilema: ¿priorizará la geopolítica de su aliado Trump o el espíritu unificador del fútbol? Si no actúa con firmeza, el Mundial podría convertirse en un polvorín, donde los goles se opaquen por consignas políticas. Latinoamérica no olvida, y el balón no borrará las bombas.

Sobre Nosotros

Por Claudio Gambale

Claudio Gambale 47 años , Periodista de Tres de Febrero.