Los medios hegemónicos occidentales minimizan o silencian las al menos 40 víctimas civiles del ataque estadounidense a Venezuela del 3 de enero, priorizando la captura de Maduro y el «éxito» operativo. Bajo el manto de «paz» y «transición democrática», se justifica la muerte de inocentes mientras se ignora el costo humano real. Esta omisión no es casual: revela cómo ciertos relatos legitiman la violencia imperial cuando conviene a los intereses de Washington.
El velo de silencio sobre las víctimas
Un alto funcionario venezolano confirmó al New York Times que al menos 40 personas murieron en los bombardeos, incluyendo civiles en barrios como Catia La Mar, donde un misil destruyó un edificio de apartamentos y mató a ancianos como Rosa González. Sin embargo, grandes portales como BBC o CNN centran sus coberturas en la «captura quirúrgica» de Maduro y las declaraciones de Trump, relegando las bajas a notas secundarias o eufemismos como «daños colaterales». Esta jerarquización informativa convierte a los muertos en cifras invisibles, protegiendo el relato oficial de una operación «limpia» sin consecuencias.
«Paz» como excusa para la matanza
Trump proclamó desde Mar-a-Lago que EE.UU. «gobernará» Venezuela hasta una transición, invocando la paz mientras helicópteros Delta Force bombardeaban defensas aéreas y barrios urbanos. ¿Qué clase de paz se construye matando civiles sin rendir cuentas? El Pentágono confirma solo heridos estadounidenses, pero ignora las 40 vidas venezolanas perdidas, un patrón que normaliza la agresión bajo banderas morales. En nombre de esta «paz», se viola el derecho internacional, y los medios lo validan al no cuestionar la ecuación: intervención = estabilidad, sin importar el saldo de sangre.
Medios cómplices por omisión
The Washington Post titula sobre Maduro en Nueva York, The Guardian sobre el petróleo venezolano post-ataque, y El País destaca a opositores como María Corina Machado, pero pocos profundizan en las víctimas. Fox News especula sobre traiciones internas venezolanas, mientras NYT es de las pocas en dimensionar el costo humano. Latinoamérica repudia el bombardeo –desde Lula hasta Rusia–, pero el silencio occidental sobre los civiles refuerza la narrativa imperial: ciertas muertes no importan si sirven a la «democracia». Esta selectividad mediática no informa; indoctrina, borrando el sufrimiento de los de abajo para glorificar el poder de arriba.
La verdadera amenaza no es Venezuela, sino un periodismo que calla ante 40 tumbas para no incomodar a Trump. Notigital debe romper ese silencio: las víctimas merecen titulares, no footnotes.