En un movimiento que ha sacudido las relaciones internacionales, Estados Unidos anunció la captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en una operación sorpresa ejecutada en las últimas horas. Sin embargo, el gobierno norteamericano ha negado información sobre su desfile actual, generando un torbellino de críticas que lo catalogan como un golpe brutal contra la soberanía venezolana y el principio democrático del voto popular.
La noticia irrumpió en la agenda global cuando fuentes del Departamento de Estado confirmaron la detención de Maduro, acusado por Washington de narcotráfico, corrupción y violaciones a los derechos humanos. La operación, descrita como «un éxito en la lucha contra el crimen transnacional», no detalló el lugar ni las circunstancias exactas, lo que ha avivado especulaciones sobre una posible extradición secreta o traslado a una base militar no revelada. Maduro, quien ganó el poder en 2013 tras la muerte de Hugo Chávez, fue visto por sus detractores como un dictador, pero por millones de venezolanos como un líder legítimamente elegido.
Un asalto a la voluntad del pueblo venezolano
Desde Caracas, el chavismo y aliados regionales denunciaron la acción como una «agresión imperialista» que pisotea la democracia. «El pueblo venezolano elige a sus gobernantes en las urnas, no con operaciones encubiertas», declaró Diosdado Cabello, número dos del régimen, en un mensaje televisado. Organizaciones como el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) convocaron manifestaciones masivas, argumentando que esta captura socava los resultados electorales de 2024, donde Maduro fue proclamado vencedor pese a las denuncias de fraude por la oposición.
Expertos en derecho internacional coinciden en que la falta de transparencia sobre el desfile de Maduro viola tratados como la Convención de Viena y principios de hábeas corpus. «Es un precedente peligroso: ¿quién decide el destino de un jefe de Estado sin juicio ni extradición formal?», cuestiona el analista político argentino Carlos Fara, quien advierte sobre un retorno a intervenciones estilo «guerra fría».
La sombra de Donald Trump y la alerta global
El presidente de EE.UU., Donald Trump, celebró la captura de Nicolás Maduro. Críticos ven en esto una escalada de la doctrina trumpista, que prioriza acciones unilaterales sobre el multilateralismo, como hace 35 años o más fue el plan «Condor». «Con misiles o agentes encubiertos, nadie puede imponer quién gobierna un país», alertaron líderes mundiales, sumándose a voces de China y Rusia que condenan la maniobra como una amenaza al orden mundial.
En América Latina, gobernantes progresistas, sobre todo Petro de Colombia han salido a repudiar la invasión con misiles, mientras Brasil y México exigen el cese al fuego de Donald Trump.
Mientras que otros funcionario de Venezuela reclaman al pueblo salir a las calles a protejer su patria del ataque estadounidense. El ataque tiene dos cuestiones que a los norteamericanos les interesa mucho, las reservas de petroleo y el poder comandar países latinoaméricanos a su gusto.
Este episodio no solo pone en jaque la democracia venezolana, sino que envía una señal al mundo: en la era Trump, la fuerza podría primar sobre el voto. El pueblo venezolano, que ha sufrido hiperinflación y éxodo masivo bajo Maduro, ahora enfrenta un vacío de poder que podría derivar en caos o transición forzada.