Hoy se conmemora el nacimiento de Aída Bortnik, una de las figuras más emblemáticas del periodismo y la creación cultural argentina. Nacida el 6 de enero de 1938 en Buenos Aires, Bortnik forjó una carrera multifacética que la llevó de las páginas de las revistas más influyentes de su época a los escenarios del teatro político y las pantallas del cine internacional. Su pluma aguda y comprometida no solo documentó la realidad de la Argentina de los años 60 y 70, sino que también se convirtió en herramienta para la denuncia y la reflexión, especialmente durante las sombras de la dictadura.
Bortnik irrumpió en el periodismo gráfico con colaboraciones en publicaciones icónicas como Primera Plana , Siete Días , Semanario y Humor . En esas páginas, su mirada incisiva capturaba los vaivenes políticos y sociales del país, con un estilo que combinaba rigor informativo y narrativo literario. Pero su talento trascendió el papel: en el teatro, se sumó al histórico ciclo de Teatro Abierto en 1981, con la obra Papá querido , un texto que retrataba con rawza las fracturas familiares bajo el peso de la represión estatal. Esta pieza, interpretada por figuras como Cipe Lincovsky y Pepe Soriano, se convirtió en símbolo de resistencia cultural.
El cine, sin embargo, fue el escenario donde Bortnik alcanzó la cima global. Escribió guiones para películas que marcaron hitos en la cinematografía argentina. La tregua (1974), dirigida por Sergio Renán y basada en la novela de Mario Benedetti, fue nominada al Oscar como Mejor Película Extranjera. Pero su obra maestra indiscutida fue La historia oficial (1985), de Luis Puenzo, que no solo ganó el Oscar a Mejor Película Extranjera, sino que posicionó su guión original como finalista en su categoría. Este logro la convirtió en la primera latinoamericana en ser invitada a la Academia de Hollywood, un hito que abrió puertas para generaciones de creadores de la región.
Colaboró estrechamente con el director Marcelo Piñeyro en éxitos como Tango Feroz: la leyenda de Tanguito (1993), Caballos salvajes (1995) y Cenizas del paraíso (1997), donde exploró temas como la juventud rebelde, la dictadura y la corrupción con una sensibilidad profunda y diálogos memorables. Su escritura siempre priorizó la memoria colectiva, las ausencias y las luchas invisibles.
Aída Bortnik falleció el 29 de abril de 2013, a los 75 años, dejando un legado que trasciende fronteras. En un país donde el periodismo y el arte han sido baluartes contra el olvido, su voz sigue resonando como recordatorio de que las palabras pueden cambiar el mundo.