El 4 de abril de 1932 nacía en Ivánovo, Rusia, Andrei Tarkovsky, el genio del cine que elevó el arte audiovisual a niveles espirituales, comparado solo con Eisenstein. Su obra, poética y filosófica, desafió la censura soviética y conquistó el mundo con una visión única del tiempo como materia maleable.

Su ópera prima, La infancia de Iván (1962), ganó el León de Oro en Venecia, retratando la guerra con la inocencia de un niño. Le siguió Andrei Rublev (1966), épica sobre un pintor medieval en la Rusia medieval, censurada inicialmente por su crudeza religiosa. En 1972 adaptó Solaris de Stanisław Lem, un viaje sci-fi al alma humana, superando la versión de Hollywood en profundidad metafísica.

Películas como El espejo (1975), autobiográfica y onírica, y Stalker (1979), alegoría de la fe en una «zona» prohibida, definieron su estilo: planos largos, naturaleza como protagonista y sonido ambiental. Exiliado por disidencias, filmó Nostalgia (1983) en Italia y Sacrificio (1986) en Suecia, su testamento sobre el apocalipsis nuclear. Su ensayo Esculpir en el tiempo (1985) resume su filosofía: el cine no narra, revela el espíritu.

Tarkovsky murió exiliado en París el 29 de diciembre de 1986, a los 54 años, víctima de cáncer. Su influencia abarca desde Nolan hasta el cine argentino contemplativo. Hoy, en tiempos de pantallas rápidas, Tarkovsky invita a pausar y contemplar. (Video no disponible).

Con AFP.

Sobre Nosotros

Por Claudio Gambale

Claudio Gambale 47 años , Periodista de Tres de Febrero.