Salzburgo, Austria, 27 de enero de 1756. En una modesta casa de la Getreidegasse, nace Wolfgang Amadeus Mozart, el niño prodigio que revolucionaría la música clásica con más de 600 obras inmortales. Hijo de Leopold Mozart, un violinista y compositor, Wolfgang mostró su talento a los tres años, tocando el clavecín y componiendo a los cinco. Su padre lo exhibió por Europa en giras triunfales, deleitando cortes reales desde Viena hasta París.
Mozart, apodado «el ruiseñor de Salzburgo», dominó todos los géneros: sinfonías, conciertos, óperas y sonatas. Obras como «La flauta mágica», «Don Giovanni» y la «Sinfonía número 40» fusionan melodía accesible con profundidad emocional, influyendo en Beethoven y generaciones posteriores. A pesar de su genio, vivió en pobreza, muriendo a los 35 años en 1791, posiblemente por fiebre reumática. Su legado perdura en salas de concierto mundiales y en la cultura pop, desde películas como «Amadeus» hasta samples en música electrónica.
En Argentina, Mozart resuena en el Colón de Buenos Aires, donde sus óperas llenan temporadas. Hoy, en su 270° aniversario, recordamos cómo su música trasciende fronteras, recordándonos que el talento precoz puede iluminar la historia. ¿Cuántos Mozart anónimos esperan su oportunidad en Salzburgo o en los barrios porteños?