El 13 de enero de 2012, el crucero Costa Concordia naufragó frente a la isla de Giglio, Italia, causando 32 muertes. Una maniobra imprudente del capitán Francesco Schettino abrió una vía de agua de 70 metros, escorando el barco con 4.229 personas a bordo.
Schettino se acercó a la costa para «saludar» y encalló en rocas. El pánico inicial mató a pasajeros; el abandono prematuro del capitán generó condenas. Rescatados en 36 horas, el saldo incluyó héroes como el maître que salvó vidas.
Schettino cumple 16 años de prisión por homicidio múltiple. El Costa Concordia fue reflotado en 2014, desguazado en 2017.
El desastre impulsó reformas IMO en simulacros y protocolos, recordando Titanic en era moderna.