El 13 de enero de 1939, Australia enfrentó uno de los desastres naturales más devastadores de su historia: el «Black Friday», un incendio forestal masivo que arrasó con 20.000 kilómetros cuadrados de tierras en el estado de Victoria. Las llamas, impulsadas por vientos huracanados y una sequía extrema, causaron la muerte de 71 personas, destruyeron más de 1.300 viviendas y otros 3.700 edificios, dejando un saldo de devastación inimaginable.

El fuego se originó en varias zonas de Victoria, alimentado por condiciones climáticas extremas: temperaturas superiores a los 41°C, vientos de hasta 90 km/h y humedad casi nula. En cuestión de horas, las llamas consumieron bosques enteros, obligando a miles a huir. Bomberos y residentes lucharon en vano contra un enemigo implacable; muchos murieron atrapados en sus vehículos o casas. El humo cubrió el cielo de un negro absoluto, de ahí su nombre, y el desastre afectó a ciudades como Yarra Glen y Narbethong, borrándolas del mapa.

Este evento marcó un antes y un después en la gestión de incendios forestales. Australia implementó reformas en políticas de prevención, como la creación de brigadas especializadas y planes de alerta temprana. Hoy, en plena era del cambio climático, el Black Friday resuena como advertencia: en 2019-2020, incendios similares en el mismo estado mataron a 33 personas y destruyeron millones de hectáreas, recordando lecciones no aprendidas del todo.

El legado del Black Friday perdura en documentales y museos victorianos, simbolizando la furia de la naturaleza ante la negligencia humana. En un mundo con veranos cada vez más calurosos, su historia urge a la acción global.

Con AFP.

Sobre Nosotros

Por Claudio Gambale

Claudio Gambale 47 años , Periodista de Tres de Febrero.